Las emisiones de carbono de China se mantienen estables durante 18 meses en medio de la transición energética.
• Las emisiones de CO2 de China se mantuvieron estables interanualmente en el tercer trimestre de 2025, lo que supone 18 meses de estancamiento o descenso.
• La energía renovable cubrió casi el 90% del aumento de la demanda de electricidad, compensando el uso del carbón.
• El crecimiento del sector químico impidió una disminución más generalizada de las emisiones totales.
La estabilidad en las emisiones de carbono de China se extiende hasta 2025
Las emisiones de dióxido de carbono de China se mantuvieron sin cambios interanuales en el tercer trimestre, extendiendo un período de 18 meses de emisiones estables o en descenso, según un análisis de Lauri Myllyvirta del Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio (CREA) para Carbon Brief.
Los datos indican que el mayor emisor mundial podría estar entrando en una nueva fase de desvinculación estructural entre el crecimiento económico y las emisiones de carbono. Esta tendencia, que comenzó en marzo de 2024, sugiere que las emisiones totales de CO2 podrían disminuir en 2025, siempre que no se produzca un fuerte repunte de la demanda energética a finales de año.
Estos hallazgos se producen tras un aumento del 0.8 % en las emisiones durante 2024, atribuido en gran medida a la recuperación económica pospandémica. Con la estabilidad observada este año, los analistas se preguntan ahora si el límite de emisiones para 2030, anunciado por China desde hace tiempo, podría entrar en vigor antes de lo previsto.
Compromisos políticos y posicionamiento internacional
En septiembre, Pekín reafirmó su compromiso de alcanzar el pico de emisiones de carbono en 2030 y reducirlas entre un 7 % y un 10 % para 2035 a partir de ese máximo futuro. Si bien sus homólogos internacionales la calificaron de modesta —el comisario europeo de Acción por el Clima la tachó de «decepcionante»—, esta medida representó el primer compromiso cuantitativo de China para reducir las emisiones después del año pico.
Esta política surge en un contexto de cambios en la dinámica geopolítica. Con la reducción de la diplomacia climática por parte de Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump, China ha buscado proyectarse como un actor estabilizador en la gobernanza climática global. Se espera que su postura tenga un papel destacado en la cumbre climática COP30 de la ONU en Brasil, actualmente en curso, donde los negociadores internacionales se centran en alinear las estrategias nacionales con el objetivo de 1.5 °C del Acuerdo de París.
Las energías renovables dominan el crecimiento energético
Los datos del sector eléctrico del tercer trimestre muestran que las energías renovables cubrieron gran parte de la creciente demanda de electricidad en China. La demanda total creció un 6.1 % interanual, pero las emisiones del sector se mantuvieron estables, ya que la generación eólica, solar, hidroeléctrica y nuclear aportó aproximadamente el 90 % de ese incremento de la demanda.
El gas natural también aumentó su presencia en la matriz energética, reduciendo aún más la participación del carbón, un desarrollo coherente con la transición de China hacia sistemas energéticos con menores emisiones de carbono. Las emisiones relacionadas con el transporte disminuyeron un 5%, impulsadas por la rápida adopción de vehículos eléctricos y la reducción del consumo de combustible.
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El crecimiento industrial contrarresta las ganancias
A pesar de los avances en energías limpias, el crecimiento del sector químico siguió contrarrestando el progreso en otros sectores. La producción de plástico aumentó un 12 % interanual entre enero y septiembre, impulsada por el aumento de la demanda interna de materiales de embalaje relacionados con el comercio electrónico y la entrega de comida a domicilio.
El impulso de Pekín para reforzar la producción nacional de polietileno —en parte como respuesta a las tensiones comerciales con Estados Unidos— ha intensificado este efecto. El gobierno también ha incentivado a las refinerías a convertir una mayor parte de su producción en materias primas químicas, compensando así la disminución estructural de la demanda de combustibles para el transporte en el contexto de la transición hacia los vehículos eléctricos.
Si bien este reequilibrio favorece la resiliencia industrial, genera inquietudes sobre la intensidad de carbono de la base manufacturera de China. Los productos químicos y petroquímicos representan ahora una proporción cada vez mayor de las emisiones, incluso a medida que la industria pesada y la generación de energía se descarbonizan.
Implicaciones para la estrategia climática global
Para los responsables políticos e inversores en materia climática a nivel mundial, el estancamiento de 18 meses en China ofrece tanto optimismo como cautela. Por un lado, los datos resaltan la magnitud del despliegue de energías renovables y las mejoras en la eficiencia energética que se pueden lograr mediante la planificación centralizada y la inversión estatal. Por otro lado, subrayan la complejidad de mantener las reducciones de emisiones nacionales en una economía que aún depende en gran medida de sectores industriales con altas emisiones de carbono.
Mientras los negociadores de la COP30 evalúan el progreso hacia los objetivos globales de cero emisiones netas, la trayectoria de China seguirá siendo crucial. Si la tendencia actual se mantiene hasta 2026, los analistas sugieren que el país podría alcanzar su pico de emisiones antes del objetivo de 2030, lo que podría alterar las previsiones mundiales de carbono y el ritmo de inversión en tecnologías limpias en toda Asia.
Para los inversores, el panorama es cada vez más complejo: la estabilidad de las emisiones, junto con un rápido crecimiento de la transición energética, señalan la continuidad de las políticas a corto plazo, pero también una volatilidad persistente en las emisiones industriales. La próxima prueba será si China logra convertir esta estabilización en una tendencia descendente sostenida, manteniendo al mismo tiempo el dinamismo económico.







