PepsiCo lanza un programa de incentivos directos para agricultores en Brasil con el fin de acelerar la agricultura regenerativa.
• Un proyecto piloto introduce un modelo de pago híbrido para financiar la agricultura regenerativa en 7,000 acres del Cerrado, con planes de llegar a 30,000 acres.
• Esta iniciativa cofinanciada tiene como objetivo reducir el uso de insumos químicos, mejorar la salud del suelo y fortalecer la resiliencia climática en una de las fronteras agrícolas más presionadas del mundo.
• El programa apoya el compromiso de PepsiCo de extender las prácticas regenerativas a 10 millones de acres a nivel mundial para 2030.
El Cerrado brasileño se convierte en banco de pruebas para un nuevo modelo de incentivos
PepsiCo ha lanzado un programa de incentivos directos para agricultores diseñado para acelerar la adopción de la agricultura regenerativa en el Cerrado, un ecosistema clave para la producción de maíz y soja en Brasil. Creada en colaboración con Griffith Foods y Milhão, la iniciativa introduce un modelo de pago híbrido que busca reducir el riesgo de transición para los agricultores y, al mismo tiempo, fomentar beneficios ambientales a largo plazo.
El papel del Cerrado en el sistema alimentario mundial ha intensificado el interés de los inversores en la región. Produce más del 60 % de la soja de Brasil y una parte sustancial del maíz del país, pero se enfrenta a una creciente presión derivada de la deforestación, la erosión del suelo y la volatilidad climática. Para las empresas que se abastecen en esta región, la exposición a los riesgos de la cadena de suministro representa tanto un riesgo significativo como una prioridad de gobernanza.
Un modelo híbrido que vincula prácticas y resultados
El programa combina dos modalidades de pago. En primer lugar, los agricultores reciben una compensación inicial para financiar el compostaje, los insumos biológicos y la reducción del uso de fertilizantes sintéticos. En segundo lugar, un bono por desempeño premia a los productores que logran reducir el uso de agroquímicos durante la temporada. Este enfoque está diseñado para reflejar los costos operativos reales, vinculando parte del incentivo a resultados ambientales medibles.
PepsiCo describe el modelo como una forma de superar la barrera del costo que suele retrasar la adopción de prácticas regenerativas. Thais Souza, responsable de Sostenibilidad de PepsiCo Brasil, afirmó que la estrategia ayuda a abordar la incertidumbre financiera que enfrentan los agricultores al adoptar métodos de restauración de suelos. Señaló las mejoras previstas en la estructura del suelo, la reducción de emisiones y una mayor resiliencia climática como razones fundamentales para implementar el modelo en una región que sustenta el suministro de granos de la compañía.
El interés de otros socios del sector paisajístico ya se ha manifestado, lo que posiciona al proyecto piloto como un posible referente para su adopción generalizada en la industria. El concepto se alinea con una tendencia creciente en la agricultura corporativa: vincular el capital directamente a cambios en las prácticas que generan beneficios ambientales cuantificables.
Financiación, escala y alineación corporativa
El proyecto piloto abarcará 7,000 acres en su primera fase, con una expansión prevista a 30,000 1 acres en un plazo de tres años. Esto igualaría la superficie total de abastecimiento de maíz de PepsiCo en el Cerrado. La financiación se comparte entre PepsiCo y Griffith Foods, y Milhão contribuye a la implementación local. Se espera que la inversión total alcance el millón de dólares para el tercer año.
Nicholas Costa, director regional de sostenibilidad de Griffith Foods, describió la colaboración como parte de un cambio en la industria alimentaria, que pasa de la mitigación de daños a la restauración ecológica. Subrayó que la alianza demuestra cómo la cooperación precompetitiva puede utilizarse para fortalecer la resiliencia de la cadena de suministro y, al mismo tiempo, acelerar el logro de objetivos relacionados con el clima.
JP Cavalcanti, responsable de la cadena de suministro de PepsiCo en Brasil, describió el proyecto piloto como un modelo a replicar en otras zonas de alto riesgo. Calificó la iniciativa del Cerrado como un modelo que podría ayudar a movilizar compromisos intersectoriales capaces de generar valor ambiental y económico.
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Gobernanza e implicaciones climáticas para las cadenas de suministro globales
El programa se basa en la Plataforma de Resiliencia Climática de PepsiCo, una herramienta de planificación de acceso abierto que identifica intervenciones agrícolas específicas para cada región. El enfoque en las estrategias de adaptación refleja la creciente presión sobre las empresas multinacionales de alimentos y bebidas para que gestionen los riesgos relacionados con el clima en la producción primaria y demuestren vías creíbles hacia la reducción de las emisiones de Alcance 3.
Para ejecutivos e inversores, la iniciativa destaca cómo los incentivos vinculados a las compras se están convirtiendo en un mecanismo clave para la descarbonización. Ofrece una perspectiva sobre cómo las empresas pueden estructurar futuros acuerdos con proveedores: combinando pagos directos, requisitos de resultados y modelos climáticos regionales para lograr un desempeño ESG sólido en entornos volátiles.
La importancia estratégica del Cerrado hace que este proyecto piloto sea particularmente relevante. Si el modelo tiene éxito a gran escala, podría influir en el diseño de planes de incentivos en otras zonas agrícolas que se enfrentan al riesgo de degradación del suelo y deforestación. También podría servir de base para que las empresas compradoras integren criterios de regeneración en los contratos de abastecimiento a largo plazo, especialmente a medida que se intensifica la presión regulatoria en la UE, Norteamérica y los mercados emergentes.
Un proyecto piloto regional con relevancia global
A medida que las empresas alimentarias se enfrentan a las limitaciones de suministro derivadas del cambio climático, los incentivos que reducen el riesgo de transición para los agricultores adquieren mayor relevancia en las decisiones de gobernanza y asignación de capital. El Cerrado brasileño constituye actualmente una de las pruebas más claras para determinar si los pagos directos por prácticas regenerativas pueden generar tanto beneficios ambientales como estabilidad en el suministro.
Los próximos tres años determinarán si el modelo puede ampliarse más allá de su alcance inicial y si enfoques híbridos similares pueden ayudar a reconfigurar los sistemas de producción en otras regiones vulnerables al cambio climático. Para los líderes mundiales en ESG, el proyecto piloto del Cerrado ofrece una visión preliminar de cómo la demanda empresarial, la economía de los agricultores y la restauración de los ecosistemas pueden converger en la próxima fase de la agricultura sostenible.







