Singapur lanza el protocolo del artículo 6.2 con Gold Standard y Verra
• El nuevo protocolo permite a los gobiernos utilizar programas de créditos del sector privado para el cumplimiento del Acuerdo de París, ampliando la oferta de reducciones de emisiones admisibles.
• Los procedimientos estandarizados tienen como objetivo reducir el riesgo de mercado y mejorar la integridad en todas las transacciones del Artículo 6.2.
• El despliegue comienza con proyectos piloto mundiales en 2025, a medida que los países buscan vías creíbles para cumplir con las NDC sin tener que construir sistemas nacionales de acreditación desde cero.
Singapur presenta un marco para conectar los mercados de carbono voluntarios y los de cumplimiento normativo.
Un nuevo protocolo publicado por la Secretaría Nacional de Cambio Climático de Singapur, Gold Standard y Verra establece un sistema unificado para que los países utilicen los estándares independientes de créditos de carbono existentes para cumplir con sus objetivos del Acuerdo de París. Este marco surge en un momento en que los gobiernos buscan vías creíbles y rentables para cerrar la creciente brecha entre las políticas actuales y sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional.
El Protocolo de Acreditación del Artículo 6.2 proporciona a los gobiernos una estructura preestablecida para la cooperación transfronteriza en materia de carbono en el marco del Acuerdo de París. En lugar de diseñar programas nacionales de acreditación, los países pueden recurrir directamente a los sistemas de verificación utilizados por el mercado voluntario. Para los responsables políticos, ofrece rapidez. Para los inversores y promotores, ofrece claridad.
Una estructura para gobiernos que recurren a estándares privados
El artículo 6.2 permite a los países intercambiar reducciones de emisiones mediante resultados de mitigación transferidos internacionalmente. La complejidad de las normas y los recursos necesarios para su aplicación han ralentizado el progreso. Al facilitar a los gobiernos el acceso a la infraestructura de las normas establecidas, el protocolo pretende eliminar uno de los mayores obstáculos: la capacidad administrativa.
El documento aclara las funciones de los organismos públicos, los organismos independientes de normalización y los promotores de proyectos. Establece cómo deben gestionarse los procesos de autorización, las primeras transferencias, las bajas y los ajustes correspondientes, y exige un sistema de etiquetado común en los registros. Estas medidas están diseñadas para evitar confusiones sobre si un crédito de carbono puede utilizarse para el cumplimiento de las NDC o para las declaraciones voluntarias de las empresas.
Los funcionarios involucrados en el proceso afirman que el objetivo es garantizar la integridad en un segmento del mercado de carbono donde la inconsistencia en los enfoques puede generar desconfianza. La guía uniforme del protocolo permite a los países seguir un modelo común en lugar de crear sistemas personalizados cuya calidad varía considerablemente.
Construido a partir de la COP28 y la COP29, y moldeado mediante una amplia consulta.
La idea de un protocolo unificado se introdujo en la COP28 de Dubái y se perfeccionó hasta 2024. Se publicaron recomendaciones preliminares antes de la COP29 de Bakú, donde los gobiernos adoptaron el reglamento del artículo 6.2 del Acuerdo de París tras varios años de negociación.
El desarrollo del protocolo continuó mediante consultas con gobiernos, otras entidades de normalización independientes y participantes del mercado. Los colaboradores procuraron garantizar que el documento se ajustara a las nuevas normas sin dejar de ser práctico para su implementación, reconociendo que la cooperación en virtud del artículo 6.2 depende de procesos predecibles y mecanismos de información fiables.
Su estructura actual refleja el consenso sobre lo que los países y las normas deben hacer para garantizar que los resultados de la mitigación sean rastreables, se ajusten correctamente y se comuniquen de forma transparente a la ONU.
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Prioridades operativas para 2025
Durante el próximo año, Singapur, Gold Standard y Verra planean colaborar con los gobiernos interesados en implementar el protocolo a modo de prueba. Estas pruebas evaluarán las etiquetas de registro, los flujos de documentación y la coordinación necesaria entre las autoridades nacionales y los programas de acreditación.
Los socios también planean explorar un modelo de gobernanza a largo plazo, reconociendo que la estandarización debe evolucionar a medida que crece el mercado del Artículo 6. Las futuras actualizaciones podrían incorporar identificadores específicos para los resultados de mitigación transferidos internacionalmente, directrices para la gestión de la distribución de los ingresos y enfoques para garantizar la mitigación global de las emisiones. Asimismo, se está considerando un protocolo de datos con campos de reporte comunes.
Las partes interesadas esperan que esta próxima fase revele cómo los diferentes países interpretan sus obligaciones en virtud del artículo 6.2 del reglamento y cómo los sistemas voluntarios existentes pueden apoyar la transparencia sin añadir cargas administrativas.
Qué deben observar los altos ejecutivos e inversores
Para las empresas compradoras e inversoras, la publicación del protocolo ofrece una visión más clara de cómo pueden converger los mercados de cumplimiento normativo y los mercados voluntarios. Es probable que los gobiernos que avancen hacia las transacciones del Artículo 6 recurran a programas de crédito que también satisfagan la demanda empresarial. Esto genera tanto oportunidades como riesgos.
La armonización de los procedimientos podría reforzar la confianza en la calidad crediticia y reducir la fragmentación regulatoria. Al mismo tiempo, una supervisión gubernamental más estricta podría afectar la forma en que se autorizan, clasifican y cancelan los créditos para reclamaciones voluntarias. Las empresas con estrategias de descarbonización que dependen de compensaciones deberán seguir de cerca estos avances para evaluar cómo los ajustes del Artículo 6 modifican sus planes de cero emisiones netas.
Un paso hacia la alineación global
Ante las crecientes necesidades de financiación climática que enfrentan los países, el protocolo ofrece una vía creíble para ampliar el comercio de carbono, salvaguardando al mismo tiempo su integridad. Si bien no resuelve los desafíos políticos en torno al Artículo 6, proporciona a los gobiernos un punto de partida funcional en un momento en que muchos carecen de los recursos necesarios para desarrollar sistemas por sí solos.
Su impacto dependerá de su adopción. Si se adopta ampliamente, el protocolo podría acelerar la creación de un mercado global de carbono más coherente, en el que los sistemas voluntarios y de cumplimiento interactúen de forma fluida en lugar de operar en paralelo. De lo contrario, los gobiernos podrían volver a enfoques nacionales divergentes que limiten la liquidez y debiliten la confianza.
Por ahora, la publicación representa un paso decisivo de Singapur y dos importantes organismos de normalización para aportar estructura a un ámbito complejo y en constante evolución. Su próxima prueba será si logra transformar las directrices compartidas en una cooperación operativa a gran escala.







